lunes, 13 de septiembre de 2010

Todo cambia, nada permanece.

Y en este caso para bien. Tras un buen verano disfrutando a tope de la familia, volví al trabajo con eso que llaman los pseudoexpertos como síndrome post-vacacional (Creo que le he metido varias patadas al Diccionario). La verdad es que me ha costado bastante volver a la rutina, pero me empiezo a encontrar bastante animado.
Creo que todos necesitamos enfrentarnos de vez en cuando a nuevos retos, pero también es importante plantearse retos viables. Yo soy muy dado a querer escalar un 8000 cuando todavía no he subido nunca un 3000. Si esto se traduce al deporte, seguro que algunos de mis compañeros estarán de acuerdo conmigo.
Una vez asumidos los cambios en la vida, solo nos toca disfrutar a tope.